Quizá el sobrenombre de Afortunado por el que se conoce a Manuel I de Portugal esté relacionado con sus tres matrimonios con infantas españolas, siguiendo la línea de enlaces entre ambos países que llevarán a su unión en 1580, con
Felipe II. Isabel y María, hijas de los
Reyes Católicos, y Leonor, hija de
Juana la Loca y
Felipe el Hermoso, serán las afortunadas cónyuges del monarca. También continuó Manuel la política de apoyo a los descubrimientos, obteniendo importantes éxitos como la llegada de
Pedro Alvarez Cabral a las
costas brasileñas en 1500 o la consolidación del imperio en Oriente gracias a
Vasco de Gama y Almeida.
Estos éxitos se ven empañados por una desacertada política interior, al decretar la
expulsión de los judíos españoles en 1496 y favorecer en exceso a la nobleza y al clero.
Conviene destacar el impulso de Manuel I hacia el arte, creándose durante su reinado un estilo denominado manuelino, a caballo entre el Gótico y el Renacimiento.