A la muerte de
Teodosio el Imperio quedó definitivamente dividido en dos partes para cada uno de sus hijos:
Arcadio recibió Oriente mientras que
Honorio era nombrado soberano de Occidente. La juventud de ambos soberanos motivó que dos expertos militares fueran sus consejeros:
Rufino y
Estilicón, respectivamente. La influencia de Estilicón fue muy estrecha hasta que Honorio decidió asesinar a su protector cuando éste inició tratos con
Alarico, el jefe de los godos. El emperador se negó a reconocer el tratado firmado con los godos por lo que Alarico ponía sitio a Roma y la saqueaba el 24 de agosto de 410. Los bárbaros iban penetrando en continuas oleadas en el Imperio Romano de Oriente y durante el reinado de Honorio la Galia, Hispania y Britania eran perdidas definitivamente. La península italiana era el último reducto del
Imperio.