Para resarcir a Roma de los elevados gastos de guerra con los que fue castigada tras la
Primera Guerra Púnica,
Cartago tuvo que iniciar una intensa política de conquista en la península Ibérica. Las zonas este y sur de la península serán controladas por
los Barca, fundando
Asdrúbal la ciudad de Cartago Nova. Para evitar una inminente confrontación entre Roma y Cartago se estableció un tratado por el cual no se podía extender la influencia cartaginesa más allá del Ebro. La alianza entre Roma y Sagunto vulneraba este tratado al estar la ciudad en la órbita de influencia cartaginesa. Esa es
la razón por la que
Aníbal atacó Sagunto en el año 219 a.C. provocando el estallido de la contienda. Desde ese momento el general cartaginés pondrá en marcha todo su aparato militar con un objetivo concreto:
invadir Italia. Sus potentes tropas se dirigirán hacia la península Itálica, cruzando los Alpes e infligiendo continuas derrotas a los diferentes ejércitos romanos que le salían al paso: Tesino, Trebia y Trasimeno. La definitiva batalla tuvo lugar en
Cannas donde los cónsules
Emilio y
Varrón fueron contundentemente derrotados. Sin embargo, no entró en Roma por desconocidas razones.
La reacción romana vino de la mano de
Escipión Africano que llevó la guerra a Hispania para evitar que
Asdrúbal el Joven reforzara con su ejército a las tropas de Aníbal. Diversas victorias romanas colocaban el curso de la guerra de su lado por lo que Escipión se trasladó a Cartago para tomar la ciudad. Aníbal abandonó Italia y se dispuso a librar la definitiva batalla por el control del Mediterráneo. El encuentro tuvo lugar en Zama y el cartaginés salió definitivamente derrotado. Roma había vencido una guerra que duró casi 20 años y de esa manera se convertía en el dominador del Mediterráneo occidental.