La geopolítica europea de los siglos XVI y XVII se caracteriza por el enfrentamiento constante entre las potencias europeas en pos de mayores cuotas de poder tanto político como económico y territorial.
Carlos V y
Felipe II vivirán continuos enfrentamientos con
Inglaterra y
Francia, fundamentalmente en los
escenarios italianos y del centro y norte de Europa. Los Habsburgo deberán mantener constantes luchas para intentar conservar su imperio territorial, lo que no se logrará en el caso de las
Provincias Holandesas. El
Imperio otomano establecerá, además, una dura competencia por el dominio del Mediterráneo y las rutas comerciales hacia el Oriente, lo que desembocará en un abierto conflicto bélico.
El norte y el este de Europa vivirán también la competencia por la hegemonía entre diversas naciones, resultando favorecidas
Suecia y
Rusia, respectivamente.
La lucha por el control del territorio y la hegemonía en Europa desencadenará un largo y costoso conflicto:
la Guerra de los Treinta Años.