La infancia de Segantini fue bastante triste ya que transcurrió en un reformatorio de Milán. Al abandonar este lugar acudió a la Academia di Brera, donde se interesó por el naturalismo y la luminosidad. En 1881 firma un interesante contrato con el marchante V. Grubicy retirándose a Brianza para estudiar con mayor profundidad el naturalismo. Más tarde adoptará la técnica
divisionista en la que elaborará sus obras más importantes, aportando ciertas dosis de
simbolismo especialmente a partir de 1891. Incluso años más tarde se retiró a la montaña deseando meditar en soledad e intentando descubrir en la pintura una experiencia absoluta.