Giovanni Lanfranco se formó en Bolonia con Agostino Carracci y marchó a trabajar a Roma con
Annibale Carracci. Una vez allí, se convirtió en el principal rival del
Domenichino, a quien llegó a arrebatar algunos encargos.
Su estilo es el del
Barroco decorativo italiano, del cual se le considera fundador junto con el
Guercino y
Pietro da Cortona.
Su obra más famosa dentro de este estilo fue la decoración de la cúpula de San Andrea del Valle, donde marca las pautas de su peculiar forma de entender el ilusionismo: innumerables figuras dispuestas armoniosamente en un supuesto espacio que se abre sobre nuestras cabezas. Su mejor cualidad era la de evocar un espacio aéreo, abierto, en el cual cualquier personaje podía flotar libremente.
Tras su estancia en Roma marchó a Nápoles, dejando huellas de su obra en la de otros pintores como Mattia Preti o
Luca Giordano. También trabajó para la corte española durante un par de años: realizó por encargo de Felipe IV una serie sobre la Historia de Roma, que hoy se encuentra en el
Museo del Prado.
Lanfranco realizó la mayor parte de su obra al
fresco. Pero también realizó algunas obras de caballete que tuvieron repercusiones sobre la escultura de Bernini.