Junto a
Esquivel, Gutiérrez de la Vega es el máximo representante de la escuela sevillana del
Romanticismo español. Nació en Sevilla, formándose en la tradición de
Murillo, destacando sus excelentes copias. En 1831 se traslada a Madrid, donde realizará numerosos retratos - Dama del abanico -. Sus escenas religiosas - como la Santa Catalina - se caracterizan por la atracción hacia el desnudo femenino, quizá por la desaparición en 1834 de la Inquisición. El efecto atmosférico que define la obra madura de Murillo se puede apreciar en la Maja sevillana de Gutiérrez. Estancado en su estilo, falleció en Madrid en 1865.