Humanista por excelencia, Crespi fue arquitecto, escultor, pintor y escritor, y tuvo un importante mecenas, el cardenal Federico Borromeo. Lo conoció en Roma, donde estuvo trabajando entre 1586 y 1595. Se hicieron amigos y Federico, que era sobrino de San Carlos Borromeo, lo tomó bajo su protección.
Cuando su protector fundó la Accademia Ambrosiana, le encargó a Crespi la dirección, así como las decoraciones artísticas pertinentes en las fundaciones cardenalicias, trabajos que él solía realizar al
fresco.
Con un estilo que arranca de las componentes
manieristas, Crespi se situó con prontitud en la cabeza del
Barroco Decorativo. Combinaba el colorido y la elegancia sofisticada de los manieristas, así como la solidez y el movimiento exultante del Barroco.
Además, como escultor que era, trabajó en la decoración de la catedral de Milán en 1629. Tal vez fuera esta obra la que más influyera en
Daniele Crespi, con quien tal vez le unían lazos de parentela.