Este artista que nació en Toledo, fue uno de los mejores representantes del
Renacimiento maduro. En su obra plena se aprecian ya los rasgos del
Manierismo. Estos rasgos se detectan en sus figuras estilizadas, casi etéreas, que se distribuyen en unas hermosas composiciones de marcado ritmo visual. La influencia es claramente la de los grandes manieristas florentinos, romanos y venecianos, como Rosso,
Pontormo,
Correggio o
Parmigianino. Pero también le debe mucho a la escuela de manieristas de El Escorial, como
Zuccaro,
Tibaldi o
Navarrete.
Los colores que emplea son artificiales, suaves, con predominio de la luminosidad en rosas, azules y amarillos, que marcan un tono más bien frío. Sus figuras son algo más sólidas al principio, pero al evolucionar su estilo ganan espiritualidad. Sus movimientos, llenos de gracia, parecen obedecer a los dictados de una sutil coreografía que conduce la vista en giros y zig-zags hasta el motivo principal de las escenas, como ocurre en la preciosa
Anunciación que, como muchas de sus obras de gran formato, se encuentra en las salas del
Museo del Prado.