Miguel Ángel se encontró con un enorme espacio a cubrir con sus pinturas. Las escenas no podían ocupar por sí mismas el techo sin quedar sueltas, sin coherencia, por lo que el artista decidió pintar el techo con una falsa estructura arquitectónica, entre cuyos elementos colocó
ignudi (hombres fuertes desnudos), putti (angelitos y amorcillos), efebos (adolescentes), profetas y
sibilas, fingiendo ser reales, es decir, vistos en escorzo como si estuvieran realmente apoyados en aquellas estructuras fingidas. En el centro, y a modo de cuadros rectangulares pegados al techo, las
escenas del Antiguo Testamento y el Génesis. A un lado de la bóveda están los principales profetas del Antiguo Testamento. Ezequiel se aproxima a la llegada de Dios y ha abandonado sus textos para escuchar a los ángeles niños que le susurran la venida del Mesías y la proximidad del
Juicio Final. Podemos comparar el efecto que este hecho tiene sobre otros profetas si lo comparamos con
Zacarías.