En sus primeros bodegones, Manet realiza una investigación sobre el espacio y la profundidad. El ramo de flores oculta la división entre planos verticales y horizontales, de la misma manera que había hecho
Velázquez en algunos retratos. La influencia de
Chardin y los pintores flamencos del
Barroco se manifiesta en las tonalidades oscuras empleadas y en la iluminación, que provoca contrastes. La pincelada más suelta es una aportación personal, siguiendo a los maestros antiguos que había contemplado en el
Louvre.