Aunque Manet sea el pintor de la figura humana por excelencia dentro de los
impresionistas, algunos trabajos de su producción tienen como temática el bodegón, fruto de su admiración hacia los artistas del
Barroco centroeuropeo y hacia
Chardin. El resultado es una amplia serie de bodegones en los que el estilo de Edouard se hace más ligero que en las obras "oficiales", como en este caso. Las flores se recortan sobre la oscuridad del fondo y de la mesa, recibiendo un potente fogonazo de luz que impide contemplar algún elemento más salvo las tijeras. El contraste entre tonos blancos y oscuros será un común denominador de la obra de Manet, que lo incluye hasta en este tipo de obras más personales. La pincelada es empastada, pudiéndose apreciar con claridad los toques de óleo en el lienzo.