San Francisco Javier nació en Navarra en 1506; de origen noble, fue uno de los primeros seguidores de san Ignacio, interesándose por las misiones por lo que se trasladó a la India y al Japón donde falleció en 1552. En esta guirnalda que contemplamos Bartolomé Pérez representa al santo vestido con el hábito de la Orden, portando en su mano izquierda un rosario y un crucifijo hacia el que mira. A su alrededor -igual que en su compañera
Guirnalda con santa Teresa- encontramos flores de diferentes tipos como rosas, tulipanes o claveles, recortándose sobre un fondo neutro. Pérez sigue la estela de los pintores
barrocos flamencos -auténticos especialistas en este tipo de representaciones- y de su maestro
Juan de Arellano, empleando una pincelada minuciosa y precisa y una iluminación directa que resalta la belleza y el volumen de las flores. La escena con el santo se inscribe en un marco octogonal, tratándose, sin duda, de obras de devoción privada.