Para esta elegante escena de baile urbano posaron Suzanne Valadon -la misma modelo que empleó para
Baile en Bougival- y Eugène-Pierre Lestringuez. La postura de las figuras varía en relación con su compañera -
Baile en el campo- al presentar a la dama de espaldas apoyada delicadamente en el hombro de su pareja. Su bello rostro se recorta sobre el traje negro del bailarín, apreciándose en el fondo referencias arquitectónicas -para indicar que se trata de un interior- y varias plantas, en las que impacta la luz de gas. Los colores empleados recuerdan a
Manet, especialmente por el uso del negro contrastando sobre el blanco. El elegante vestido de larga cola que porta Suzanne -precisamente no aparece entero por influencia de la fotografía- tiene unos magníficos reflejos malvas de la luz artificial, así como los pliegues que crean la sensación táctil de la tela. El movimiento pausado de esta danza ha sido interpretado magistralmente, interesándose el pintor por buscar los contrastes con su compañera. Pero la obsesión de Renoir en estos momentos no es ni la luz ni el color sino recuperar el dibujo y los volúmenes, que paulatinamente estaban perdiendo tanto
Monet como él mismo, iniciando un nuevo periodo en el que las formas ocupan un lugar fundamental en la pintura de Pierre, denominado "periodo
ingresco" o "periodo seco".