La estrecha relación entre Goya y el círculo de ilustrados madrileños permitió al artista retratar a buena parte de ellos. Así surgen excepcionales imágenes como
Posada y Soto,
Meléndez Valdés o
Ceán Bermúdez. Entre estos defensores de la Ilustración también se encontraba don Carlos López de Altamirano, Magistrado y Oidor de la Audiencia de Sevilla y amigo íntimo de
Jovellanos. La media figura del político se recorta sobre un fondo neutro - muy habitual en los retratos goyescos -, interesándose el artista por el rostro de su modelo, donde intenta transmitirnos su personalidad. Los detalles de los ropajes pasan desapercibidos, insinuándose para no despistar nuestra atención. El empleo de la iluminación, resaltando la cabeza del modelo, está inspirado en
Tiziano y en
Velázquez, así como las tonalidades oscuras empleadas.