Cuadro
Las imágenes de santos que Zurbarán y los pintores de su época realizaron para conventos, iglesias y particulares, suelen mostrarnos personalidades que ejemplifican la virtud cristiana, para que sirvieran de modelo a los fieles del siglo XVII. Los mártires aparecen habitualmente con los símbolos de su martirio
para dar testimonio de su sufrimiento por Cristo. Así es en el caso que ahora nos ocupa, en el que vemos a San Román, con su capa pluvial y la lengua en la mano, pues se la arrancaron para que no rezara a Dios. En el libro que lleva abierto, el pintor ha escrito una inscripción que loa las virtudes del santo e invoca su protección para aquellos fieles que le recen. Como ejemplos similares podemos citar al San Lorenzo del Ermitage, que porta la parrilla en la cual fue torturado.