La atracción de Delacroix hacia la obra del
Renacimiento y del
Barroco fue especialmente intensa, como se pone de manifiesto en esta imagen en la que demuestra su capacidad de creación comparable con
Rafael,
Tintoretto,
Tiziano o
Veronés. La composición se organiza a través de diagonales cruzadas tanto en superficie como en profundidad, creando un conjunto de enorme intensidad dramática. Las figuras de primer plano piden clemencia a los cruzados mientras en el fondo encontramos una persecución. Las llamas de la batalla provocan un especial efecto atmosférico que distorsiona los contornos. La ciudad al fondo y el azul del mar confieren a la escena cierto aspecto exótico necesario en el
Romanticismo. El colorido y los marcados escorzos muestran la manera de trabajar del Delacroix maduro.