Cuando Doménikos llegó a Roma en 1570 se puso en contacto con el miniaturista Giulio Clovio, al que vemos aquí retratado. Desconocemos cuál es la razón por la que se pusieron en contacto ambos artistas, pero será este hombre quien recomiende a Doménikos al cardenal Alejandro Farnesio para que sea alojado en su palacio. Allí vivía el miniaturista, nacido en Croacia en 1498, al haberle cedido el cardenal una habitación, dos criados y un caballo. Su admiración por
Miguel Ángel le hizo muy famoso en la Ciudad Eterna. Giulio aparece mirando al espectador y señalando su obra más famosa: el Libro de Horas de la Virgen que realizó para el cardenal Farnesio en 1546. La figura se recorta sobre un fondo neutro en el que se abre una ventana, observándose un paisaje. La influencia de
Tiziano en este tipo de retratos es significativa, al igual que el deseo de captar la personalidad del modelo, como se hacía en la
pintura flamenca. El rostro del anciano artista llama profundamente la atención, apreciándose su orgullo y el paso del tiempo. La minuciosidad del dibujo resulta destacable, mostrando los detalles del traje negro y las calidades de las telas. La iluminación parece corresponder a una fuente de luz artificial por el colorido anaranjado que se observa, relacionándose con el
Soplón. La veracidad con la que Doménikos retrata a sus modelos le hacen uno de los mejores especialistas en este género, en el que capta perfectamente el alma de los personajes.