En septiembre de 1876 Renoir pasa una temporada en casa del escritor Alphonse Daudet en Champrosay, donde visita la tumba de
Delacroix. En el mes que pasó allí realizó diversos paisajes como éste que contemplamos, elaborado siguiendo la filosofía
impresionista al representar los paisajes directamente del natural, empleando una pincelada rápida y empastada, con toques cortos, como si de comas se tratara. También observamos las sombras coloreadas habituales en el impresionismo -al igual que hacían
Monet,
Degas o
Pissarro- pero lo más interesante es el juego cromático entre el verde de la vegetación, el azul del cielo y los amarillos de las hojas que apuntan la entrada del otoño.