La relación de Renoir con la familia del impresor Georges Charpentier se inició en los años finales de la década de 1860 y fue especialmente fructífera ya que el artista pintó algunos de sus mejores retratos tomando como modelos a los miembros de este clan familiar. Entre estas inolvidables escenas encontramos el espectacular retrato de
Madame Charpentier y sus hijas y el protagonizado por madame Marie-Pauline Charpentier, la madre del editor.Renoir se interesa especialmente por la personalidad de sus modelos -véase el retrato de su padre,
Léonard Renoir, también de estas fechas- y presenta a la anciana concentrada en su costura -al parecer realizó el retrato sin que la modelo lo advirtiera- gozando el retrato de gran ternura. El estilo utilizado por el joven pintor corresponde a esta época: empleo de una factura rápida y empastada; colores oscuros; máximo verismo posible. Estas características están inspiradas en
Courbet y
Manet, dos de los maestros más admirados en aquellos momentos por Renoir.