Desde su estancia en el taller de
Gleyre y su estrecho contacto con
Monet,
Sisley y
Bazille, Renoir se interesó por los principios de la
Escuela de Barbizon, acercándose a la naturaleza para trabajar allí directamente. Este contacto con el grupo de Barbizon y con
Corot se aprecia claramente en este trabajo, realizado directamente del natural, avanzando el interés
impresionista hacia los colores y las luces captadas en un momento determinado del día. También encontramos ecos de
Courbet en la abundancia de tonos grises y el empleo de la espátula, así como referencias a
Manet al mostrar un espíritu colorista -que aquí observamos en el río y el cielo- o el paso directo de superficies bañadas de intensa luz a otras en sombra. La sensación de movimiento conseguida por las gabarras navegando por el Sena es muy acertada, estableciendo una diagonal habitual en las composiciones clasicistas que el joven pintor tanto admiraba durante sus visitas al Louvre.