Aunque activo desde fines del siglo XVI en Roma, las sugestiones italianas nunca borraron el temperamento nórdico de
Bril ni eliminaron de su obra los componentes de tradición flamenca (abundante hojarasca y/o presencia del agua), marcando desde lejos la evolución del género paisajístico de Flandes. En sus pintorescos y panorámicos paisajes, de concepción clasicista, buscó armonizar el papel constructivo de la luz con el factor ornamental y la ordenación a base de grandes planos. Al no ceder ante lo anecdótico y potenciar el valor del pensamiento, sus sintéticos paisajes preludian los heroicos de
Poussin y
Lorrain.