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¿Patria o patrias de Colón? Empezando por el gran Almirante de las Indias Don Cristóbal Colón y siguiendo por sus hermanos, hijos, nietos y parientes colaterales, de unos a otros, sucesivamente, hasta los albores de la Edad contemporánea, todos practicaron la ambigüedad a la hora de matizar nacimiento, lugar de origen y primeros pasos del inventor de América. Don Cristóbal y sus hermanos se declararon insistente y machacosamente sólo extranjeros. Y extranjero era un término muy indeterminado que en Castilla abarcaba lo mismo a un genovés o portugués que a un aragonés o catalán. Los Colón no emplearon nunca la fórmula que era habitual para estos casos y que podía concretarse así: soy extranjero de Génova, de Venecia, florentino, etc., como hicieron muchos italianos aquí residentes. Esta indeterminación y falta de claridad de los mismos protagonistas ha dado alas, sobre todo, a los enemigos de la tesis genovesa. Su grito de guerra ha sido: ¿por qué durante las muchas oportunidades que tienen en España para confesar su origen, sea en declaraciones notariales, pleitos, cartas, etc., sólo dicen que son extranjeros, sin concretar más? Al son de una interrogante así los campanazos podían llegar muy lejos. Gran creador de confusiones fue don Hernando Colón, hijo natural del navegante y autor de una historia sobre su padre. Tal personaje, que vela en todo momento por la gloria paterna, que revisa y ordena --en muchos casos valdría decir desordena-- los papeles de su progenitor, estampilla estas frases sobre su lugar de nacimiento: Algunos, que en cierta manera piensan oscurecer su fama, dicen que fue de Nervi; otros, que de Cugureo, y otros de Buyasco, que todos son lugares pequeños, cerca de la ciudad de Génova y en su misma ribera; y otros, que quieren engrandecerle más, dicen que era de Savona, y otros que genovés; y aun los que más le suben a la cumbre, le hacen de Plasencia, en la cual ciudad hay algunas personas honradas de su familia, y sepulturas con armas y epitafios de Colombo4.

He aquí un espléndido modelo de despiste y confusión. Cuando llegue la hora de disputar la cuna colombina este pasaje será un buen asidero para todos. A raíz del cuarto Centenario del Descubrimiento de América --décadas antes y décadas después de 1892-- se desató en Europa una desaforada pugna por buscarle patrias a Colón. Ya se sabe que en tales casos quien busca suele encontrar, a poco que tenga claros los objetivos. Y lo que muchos pretendían entonces era incorporar a los panteones de hombres ilustres de sus respectivas patrias --algunas nacientes-- a una celebridad como don Cristóbal Colón, hombre de moda en todo el mundo. Semejante fiebre iba muy unida a dos cuestiones que conviene tener presentes: el auge de los nacionalismos europeos y la apertura y ordenación de muchos archivos nacionales y locales. En tal ambiente brotaron algunos eruditos desaprensivos que buscando y rebuscando papeles viejos encontraban lo que querían, enrareciendo así el panorama histórico y trayendo como un zarandillo al apellido del descubridor. Tesis atrevidas por demás querían convertirlo en francés, inglés, griego y hasta suizo. No han merecido los honores de la refutacion por ser demasiado evidente su falta de consistencia. Nacieron como resultado de una extraña mezcla de leyendas, tradiciones y trabajo interesado de genealogistas, pero no pudieron sostenerse5. Tampoco faltaron los defensores del Colón castellano. En este sentido dos regiones, Galicia y Extremadura, rivalizaron por hacerlo suyo.

La teoría del Colón gallego estuvo en candelero durante varias décadas (desde 1892 a 1929) siendo seguida con mucho interés especialmente por la importante colonia de emigrantes afincada en América. Su origen partió de una serie de documentos auténticos descubiertos en Pontevedra poco después de 1892. En ellos aparecían varios nombres y apellidos que podían ser perfectamente identificables con algunos de la familia Colón. En 1929 una comisión de expertos de la Real Academia de la Historia dictaminó que tales documentos habían sido manipulados en época reciente, y ciertas abreviaturas se habían interpretado arbitrariamente. En consecuencia, la investigación histórica debía rechazar tales pruebas. Y con el derrumbe de las pruebas la tesis quedó desarmada. La hipótesis sobre el Colón extremeño nació de una confusión geográfica al mezclar Plasencia de Extremadura con la Piacenza o Plasencia italiana, de la Lombardía. Se veía a Colón como miembro de una familia de judíos conversos que tuvo que emigrar de esa villa durante las luchas religiosas de mediados del siglo XV. Años antes de 1892 la isla de Córcega, espoleada por la pluma de dos abates corsos, quiso hacer suyo a don Cristóbal. El montaje de estos eclesiásticos --que tanto gustaron de oír algunos, incluido el gobierno francés, de quien dependía la isla-- duró poco. Algo más tardías, pero más constantes, han sido las hipótesis que hacen a Colón oriundo de tierras catalanas o mallorquinas.

Luis de Ulloa6, en 1927, defendía el origen catalán del descubridor de América. Partía del apellido Colom, originario de Cataluña y que después se extenderla por el Mediterráneo (Mallorca, Génova, etc.), de los catalanismos sembrados en sus escritos, para continuar por caminos resbaladizos interpretando símbolos y enigmas colombinos con opinión muy particular, y dando por demostrado lo que con criterios imparciales cuesta muchísimo aceptar. A pesar de ello, la llama sigue viva aún en algunos. Y la tesis mallorquina ha recrecido en los últimos años7. En el recorrido de hipótesis y teorías que venimos exponiendo no podía faltar la del Colón portugués. Se ha de reconocer que no es opinión madrugadora (entre 1915-1930), pero cuando surge lo hace con el ambiente caldeado. Lo extraño --dice Ballesteros-- es que no apareciera antes. Sus defensores cayeron excesivamente en lo anecdótico (desciframiento de la misteriosa firma colombina). ¿Es acaso por ese cariz novelesco y fatuo por lo que no dio seguidores contumaces, a pesar de las bazas de que dispone esa tierra: portuguesismos de la lengua de Colón, estancia prolongada en Portugal, silencio absoluto de sus archivos aunque el personaje demostrara tener cierto relieve social?8. Por último, cerremos este apartado con la tesis del Cristóbal Colón genovés, que hasta la fecha es la más aceptada. Remontándonos todo lo que es posible en el tiempo, localizamos ya a principios del siglo XV a una familia Colombo en tierra de Génova9.

Su repentina aparición ahí ha provocado en algunos historiadores la pregunta siguiente: ¿vino huido de algún otro sitio al socaire de problemas religiosos o políticos tan frecuentes por esos años en las tierras del Mediterráneo, como por ejemplo Castilla, Cataluña o Mallorca? No se sabe y tampoco es un disparate pensarlo. Lo cierto es que Colombo, Colomb, Colomo, Colom abundan en el triángulo Génova, Cataluña y Baleares. El que más sabia y perspicazmente ha tratado de conciliar la ascendencia hispánica de los Colón con el nacimiento en Génova del descubridor de América ha sido Salvador de Madariaga10. Por medio de su tesis sefardita los ascendientes colombinos serían judíos españoles (probablemente catalanes o mallorquines) que, tras las persecuciones de 1391, se vieron obligados a huir y refugiarse en tierra de Génova. Allí nacería posteriormente el futuro descubridor de América. Pero ello no impedirla --siempre según Madariaga-- que su ascendencia familiar judaica le dejara huella en su formación intelectual y lingüística (su lengua escrita fue el castellano), religiosa (extraordinarios conocimientos bíblicos y judaicos) y en ciertos hábitos y comportamiento personal11. Siguiendo con la tesis genovesa, muchos encuentran la prueba definitiva sobre su cuna sacando a colación la institución de mayorazgo hecha por el Almirante el 22 de febrero de 1498, y en que por primera vez es rotundo sobre este particular: que siendo yo nacido en Génova les vine a servir aquí en Castilla.

.. Mando al dicho don Diego, mi hijo, o a la persona que heredare el dicho mayorazgo, que tenga y sostenga siempre en la ciudad de Génova una persona de nuestro linaje que tenga allí casa e mujer, e le ordene renta con que pueda vivir honestamente, como persona tan llegada a nuestro linaje, y haga pie y raíz en la dicha ciudad como natural della, porque podrá haber de la dicha ciudad ayuda e favor en las cosas del menester suyo, pues que della salí y en ella nací12. Tras esta declaración tan terminante el lector puede quedar muy confundido y preguntarse no sin recelo: ¿hace falta mayor diafanidad? Evidentemente que no, si el documento en cuestión no tuviera alguna sombra. Dirán los críticos del mismo que no se trata del documento original, aún desconocido, sino de un traslado, es decir copia del documento original; que está amañado por intereses; y que las circunstancias de su aparición abonan todavía más la sospecha, pues surge durante un proceso, presentado repentinamente como prueba, notándose en él irregularidades con respecto a otros documentos colombinos. De nuevo la polémica, porque los historiadores del bando contrario, no menos rotundos, sentenciarán que se trata de un documento que refleja el auténtico, y es por tanto irrebatible en favor de Génova. Sabemos de un Giovanni Colombo establecido en esa tierra italiana y padre de dos varones: Antonio y Doménico. En 1429 Doménico entraba en un taller como aprendiz de tejedor, lo que hace suponer que la familia se dedicaba a este oficio.

Por otro lado, los hijos de Antonio Colombo fueron todos sastres y tejedores. Casó Doménico con Susana Fontanarossa --nombre y apellido de claro resabio judaico, dirán con razón los que se inclinan por esa herencia-- y les nacieron cuatro varones y una mujer. El buen Doménico se hizo pronto maestro en el tejer. Compaginaba esta actividad con la de guardián de la Torre y Puerta dell'Olivella, vía de penetración por tierra a la ciudad de Génova. A su hermano Antonio se le encargaría la torre del Cabo del Faro, es decir, la vía marítima. En esto ocupaba su vida Doménico cuando en 1451 fue padre de un niño que se llamó Cristóforo Colombo. Aunque no es irrefutable esta fecha, parece la más aceptable, según documentos oficiales posteriores en que interviene el dicho Cristóforo. El segundo hijo fue Giovanni, que murió pronto. Más tarde, en 1461, la familia aumentó con otro hijo, Bartolomeo. El menor de los hermanos, Giácomo (Diego), nació en 1468 y aprendió el oficio de tejedor. En cuanto a Cristóforo y Bartolomeo tuvieron vocación marinera desde muy jóvenes. De la hija no se conservan datos. Durante todo este tiempo, la realidad demuestra que la familia de Doménico ha crecido más que su economía, y así los vemos peregrinando entre Génova y Savona con dificultades monetarias evidentes, porque sus oficios de lanero, tejedor o tabernero no daban para mucho. Documentos notariales de Génova nos dicen que en 1489 Doménico, ya viudo, se declara administrador de los bienes de sus tres hijos ausentes: Cristóforo, Bartolomeo y Giácomo.

Y en 1501, varios vecinos de Génova, muerto ya Doménico, declaran bajo juramento que los tres hermanos están ausentes de la ciudad y viven en España. Planteado así el tema, pueden identificarse perfectamente los Colombo genoveses con aquellos Colón que tanto tienen que ver con el descubrimiento y primera colonización de América. Coinciden nombres y apellidos13, castellanizados, por cierto; e incluso las fechas de nacimiento son también compatibles con las de don Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón, que por aquel entonces se paseaban ya triunfantes por tierras de Castilla e Indias. Las constantes y estrechas relaciones del apellido Colón con banqueros, prestamistas, comerciantes y embajadores de Génova, especialmente intensas a partir del Descubrimiento, avalan para lo más la teoría del Colón genovés. ¿A qué pudo obedecer tanto celo familiar por silenciar cuna y familia? Pensando en la España de ese momento, podría bastar con una explicación sencilla, pero de gran fuerza y arraigo en la mentalidad social castellana: la procedencia familiar plebeya, su condición social baja y humilde. Un hombre que llega a Castilla con un gran secreto bajo su magín; que se entrevista, discute y se ofrece a los mismísimos reyes para enseñar un camino nuevo de llegar a las Indias, exigiendo a cambio de tan gran servicio compensaciones económicas y honoríficas casi regias; un hombre así --repetimos-- que quisiera ser tenido en algo por los castellanos de honra, es decir, por la nobleza, podría presumir ante ellos de laureles navigatorios, incluso de trofeos ganados en actividades corsarias, todo ello adobado con secretos bien calculados; pero de ninguna manera se le abrirían puertas pregonando actividades mecánicas, oficios artesanos, manualidades laneras. Este quehacer era considerado bajo y deshonroso.

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