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HISTORIA DE LA NACIÓN CHICHIMECA, SU POBLACIÓN Y ESTABLECIMIENTO EN EL PAÍS DE ANÁHUAC CONOCIDO HOY POR EL REINO DE NUEVA ESPAÑA. PRINCIPIO Y PROGRESOS DEL PODEROSO IMPERIO TEZCUCANO Y SUCESIÓN DE SUS MONARCAS, HASTA SU DESTRUCCIÓN POR EL INGRESO DE LOS ESPAÑOLES QUE LE CONQUISTARON. CAPÍTULO PRIMERO Que trata de la creación del mundo y sus cuatro edades, que los históricos de esta Nueva España dieron, y fin de cada una de ellas Los más graves autores históricos que hubo en la infidelidad de los más antiguos, se halla haber sido Quetzalcóatl el primero; y de los modernos Nezahualcoyotzin, rey de Tetzcuco, y los dos infantes de México, Itzcoatzin y Xiuhcozcatzin, hijos del rey Huitzilihuitzin, sin otros muchos que hubo (que en donde fuere necesario los citaré), declaran por sus historias que el dios Teotloquenahuaque Tlachihualcípal Nemoani Ilhuicahua Tlalticpaque, que quiere decir conforme al verdadero sentido, el dios universal de todas las cosas, creador de ellas y a cuya voluntad viven todas las criaturas, señor del cielo y de la tierra, etcétera, el cual después de haber creado todas las cosas visibles e invisibles, creó a los primeros padres de los hombres, de donde procedieron todos los demás; y la morada y habitación que les dio fue el mundo, el cual dicen tener cuatro edades. La primera que fue desde su origen, llamada por ellos Atonatiuh, que significa sol de agua; que con sentido alegórico significan con este vocablo, aquella primera edad del mundo haber sido acabada con el diluvio e inundación de las aguas, con que se ahogaron todos los hombres y perecieron todas las cosas creadas.

La segunda edad llamaron Tlalchitonatiuh, que significa sol de tierra, por haberse acabado con terremotos, abriéndose la tierra por muchas partes, sumiéndose y derrocándose sierras y peñascos, de tal manera que perecieron casi todos los hombres, con cuya edad y tiempo fueron los gigantes que llamaron quinametintzocuilhicxime. La tercera edad llamaron Ecatonatiuh, que quiere decir sol de aire, porque feneció esta edad con aire, que fue tanto y tan recio el viento que hizo entonces, que derrocó todos los edificios y árboles y aun deshizo las peñas, y pereció la mayor parte de los hombres; y porque los que escaparon de esta calamidad hallaron cantidad de monas que el viento debió traer de otras partes, dijeron haberse convertido los hombres en esta especie de animales, de donde nació esta fábula tan mentada de las monas. Los que poseían este nuevo mundo en esta tercera edad fueron los ulmecas y xicalancas y según por sus historias se halla, vinieron en navíos o barcas de la parte de oriente hasta la tierra de Potonchan, desde donde comenzaron a poblarle; y en las orillas del río Atoyac que es el que pasa entre la ciudad de los ángeles y Cholula, hallaron algunos de los gigantes de los que habían escapado de la calamidad y consumición de la segunda edad; los cuales siendo gente robusta y confiados en sus fuerzas y mayoría de cuerpo, se señorearon de los nuevos pobladores de tal manera, que los tenían tan oprimidos como si fueran sus esclavos; por cuya causa los caudillos y gente principal buscaron modos para poderse librar de esta servidumbre, y fue en un convite que les hicieron muy solemne: después de repletos y embriagados, con sus mismas armas los acabaron y consumieron, con cuya hazaña quedaron libres y exentos de esta sujeción y fue en aumento su señorío y mando.

Y estando en la mayor prosperidad de él, llegó a esta tierra un hombre a quien llamaron Quetzalcóatl y otros Huémac por sus grandes virtudes, teniéndolo por justo, santo y bueno; enseñándoles por obras y palabras el camino de la virtud y evitándoles los vicios y pecados, dando leyes y buena doctrina; y para refrenarles de sus deleites y deshonestidades les constituyó el ayuno, y el primero que adoró y colocó la cruz que llamaron Quiahutzteotlchicahualiztéotl y otros Tonacaquáhuitl, que quiere decir: dios de las lluvias y de la salud y árbol del sustento o de la vida. El cual habiendo predicado las cosas referidas en todas las más de las ciudades de los ulmecas y xicalancas, y en especial en la de Cholula, en donde asistió más, y viendo el poco fruto que hacía con su doctrina, se volvió por la misma parte de donde había venido, que fue por la de oriente, desapareciéndose por la costa de Coatzacoalco; y al tiempo que se iba despidiendo de estas gentes les dijo, que en los tiempos venideros, en un año que se llamaría ce ácatl, volvería, y entonces su doctrina sería recibida y sus hijos serían señores y poseerían la tierra, y que ellos y sus descendientes pasarían muchas calamidades y persecuciones; y otras muchas profecías que después muy a las claras se vieron. Quetzalcóatl por interpretación literal, significa sierpe de plumas preciosas; por sentido alegórico varón sapientísimo; y Huémac, dicen unos que le pusieron este nombre porque imprimió y estampó sobre una peña sus manos, como si fuera en cera muy blanda, en testimonio de que se cumpliría todo lo que les dejó dicho.

Otros quieren decir que significa el de la mano grande o poderosa. El cual ido que fue, de allí a pocos días sucedió la destrucción y asolamiento referido de la tercera edad del mundo; y entonces, se destruyó aquel edificio y torre tan memorable y suntuosa de la ciudad de Cholula, que era como otra segunda torre de Babel, que estas gentes edificaban casi con los mismos designios, deshaciéndola el viento. Y después los que escaparon de la consumición de la tercera edad, en las ruinas de ella edificaron un templo a Quetzalcóatl a quien colocaron por dios del aire, por haber sido causa de su destrucción el aire, entendiendo ellos que fue enviada de su mano esta calamidad; y le llamaron asimismo ce ácatl que fue el nombre del año de su venida. Y según parece por las historias referidas y por los anales, sucedió lo suso referido algunos años después de la encarnación de Cristo señor nuestro; y desde este tiempo acá entró la cuarta edad que dijeron llamarse Tletonátiuc, que significa sol de fuego, porque dijeron que esta cuarta y última edad del mundo se ha de acabar con fuego. Era Quetzalcóatl hombre bien dispuesto, de aspecto grave, blanco y barbado. Su vestuario era una túnica larga.

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