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Desarrollo


El tiro de plata que Cortés envió al Emperador Escribió tras esto Cortés al Emperador, besando los pies de su majestad por las mercedes y favor que le había hecho, desde México el 15 de octubre del año 24. Le suplicó por los conquistadores; pidió franquezas y privilegios para las villas que él tenía pobladas, y para Tlaxcallan, Tezcuco y los otros pueblos, que le habían ayudado y servido en las guerras. Le envió setenta mil castellanos de oro con Diego de Soto, y una culebrina de plata, que valía veinticuatro mil pesos de oro; pieza hermosa, y más de ver que de valor. Pesaba mucho, pero era de la plata de Michuacan. Tenía en relieve un ave fénix, con una dedicatoria al Emperador, que decía: "Aquesta nació sin par; Yo en serviros sin segundo; Vos sin igual en el mundo". No quiero contar las cosas de pluma, pelo y algodón que envió entonces, pues las deshacía el tiro; ni las perlas, ni los tigres, ni las demás cosas buenas de aquella tierra y raras aquí en España. Mas contaré que este tiro le causó envidia y malquerencia con algunos de la corte, por causa del letrero; aunque el vulgo lo ponía por las nubes, y creo que jamás se hizo tiro de plata sino éste de Cortés. La copia él mismo se la hizo, que cuando quería no trovaba mal. Muchos probaron sus ingenios y vena de coplear, pero no acertaron. Por lo cual dijo Andrés de Tapia: "Aqueste tiro, a mi ver, Muchos necios ha de hacer". Y quizá porque costó de hacer más de tres mil castellanos.

Envió veinticinco mil castellanos en oro y mil quinientos cincuenta marcos de plata a Martín Cortés, su padre, para llevarle su mujer, y para que le enviase armas, artillería, hierro, naos con muchas velas, sogas, áncoras, vestidos, plantas, legumbres y cosas semejantes, para mejorar la buena tierra que conquistara; pero lo tomó todo el Rey con lo demás que vino entonces de las indias. Con este dinero que Cortés envió al Emperador, quedaba la tesorería del Rey vacía y él sin blanca, por lo mucho que había gastado en los ejércitos y armadas que, como la historia os ha contado, había hecho. Llegaron al mismo tiempo a México muchos criados y oficiales del Rey, y de Ciudad Real, Alonso de Estrada, por tesorero; Gonzalo de Salazar, de Granada, por factor; Rodrigo de Albornoz, de Paradinas, por contador, y Peralmíndez Cherino, por veedor; que fueron los primeros de la Nueva España, y aun muchos conquistadores que pretendían aquellos cargos, se agraviaron, quejándose de Cortés. Entraron en cuentas con Julián de Alderete y con los otros que Cortés y el cabildo tenían puestos para cobrar y tener el quinto, rentas y hacienda del Rey, y no les pasaban ciertas partidas que habían dado a Cortés, que serían sesenta mil castellanos; mas, como él demostró haberlos gastado en servicio del Emperador, y pedía más de otros cincuenta mil que tenía puestos de lo suyo, se puso fin a la cuenta. Todavía quedaron aquellos oficiales en la idea de que Cortés tenía grandes tesoros, tanto por lo que en España oyeran sobre ellos y porque Juan de Ribera ofreció en su nombre al Emperador doscientos mil ducados, como porque no faltaba quien les decía al oído que cada día le traían los indios escondido el tesoro de Moctezuma, y robado el del Emperador y conquistadores, con indios que secretamente lo sacaban de noche por el postigo de su casa; y así, no considerando lo que había enviado a Castilla y gastado en las guerras, escribieron a España, especialmente Rodrigo de Albornoz, que llevó cifras para avisar secretamente de lo que le pareciese, muchas cosas contra él acerca de su avaricia y tiranía; pues, como no lo conocían y venían mal informados, y hallaban allí personas que no le querían bien, porque no les daba los repartimientos, o tantos repartimientos como ellos pedían, creían cuanto oían.

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