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Desarrollo


Cómo rogó Moctezuma a Cortés que se fuera de México En tres cosas empleaba Cortés el pensamiento, cuando se vio rico y pujante. Una era enviar a Santo Domingo y otras islas, dinero y noticias de la tierra y su prosperidad, para traer gente, armas y caballos, pues los suyos eran pocos para tan gran reino. La otra era tomar todo el estado de Moctezuma, pues lo tenía a él preso, y tenía a su devoción a los de Tlaxcallan, a Coatelicamatlh y a Tunchintlec, y sabía que los de Pánuco y Tecoantepec, y los de Michuacan eran muy enemigos de los mexicanos y le ayudarían si le fuese menester. Era la tercera hacer cristianos a todos aquellos indios; lo cual comenzó en seguida como mejor y más principal. Pues aunque no asoló los ídolos por las causas ya dichas, prohibió matar hombres en sacrificio, puso cruces e imágenes de nuestra Señora y de otros santos por los templos, y hacía a los clérigos y frailes que dijesen misa cada día, y bautizasen; aunque pocos se bautizaron, o porque los indios tenían mucho apego a su envejecida religión, o porque los nuestros atendían a otras cosas, esperando para esto tiempo que fuese mejor. Él oía misa todos los días y mandaba que todos los españoles la oyesen también, pues siempre se celebraba en casa. Mas relegáronse por entonces estos pensamiento suyos, porque Moctezuma volvía la hoja, o al menos quiso, y porque vino Pánfilo de Narváez contra él, y porque tras esto le echaron los indios de México. Todas estas cosas, que son muy notables, las contaremos por su orden.

La vuelta de Moctezuma, como algunos quieren, fue decir a Cortés que se fuese de su tierra si no quería que le matasen con los demás españoles. Tres razones o causas le movieron a ello, de las cuales dos de ellas eran públicas. Una fue el combate grande y continuo que los suyos le daban constantemente a que saliese de prisión, y echase de allí a los españoles o los matase, diciendo que era grande afrenta y mengua suya y de todos ellos, estar así preso y abatido y que los mandasen a coces aquellos poquitos extranjeros, que les quitaban la honra y robaban la hacienda, cosechando todo el oro y riqueza de los pueblos y señores para sí y para su rey, que debía de ser pobre; y que si él quería, bien; si no, aunque no quisiese, que puesto que no quería ser su señor, tampoco ellos sus vasallos; y que no esperase mejor fin que Coalpopoca y Cacama, su sobrino, aunque mejores palabras y halagos le hiciesen. Otra fue que el diablo, como se le aparecía, puso muchas veces en el corazón a Moctezuma que matase a los españoles o los echase de allí, diciendo que si no lo hacía, se iría, y no le hablaría más, por cuanto le atormentaban y causaban enojo las misas, el Evangelio, la cruz y el bautismo de los cristianos. Él le decía que no estaba bien matarlos siendo sus amigos y hombres de bien; pero que les rogaría que se fuesen, y si no quisiesen, entonces los mataría. A esto replicó el diablo que lo hiciese así, y que le haría grandísimo placer; que, o se tenía que ir él o los españoles, pues sembraban la fe cristiana, muy contraria religión a la suya, pues no se compadecían juntas entrambas.

La tercera razón, y que no se publicaba, era, según sospecha de muchos, que como los hombres son mudables y nunca permanecen en un ser y voluntad, así Moctezuma se arrepintió de lo que había hecho, y sentía la prisión de Cacamacín, al que algún tiempo quiso mucho, y que a falta de sus hijos, le había de heredar, y porque reconocía ser como le decían los suyos, y porque le dijo el diablo que no podía hacer mayor servicio, ni sacrificio más agradable a los dioses, que matar y echar de su tierra a los cristianos; y echándolos, que ni se acabaría en él la casta de los reyes de Culúa, antes bien se alargaría, ni dejarían de reinar sus hijos tras él; y que no creyese en agüeros, pues había ya pasado el octavo año, y andaba en el decimooctavo de su reinado. Por estas causas, pues, o por ventura por otras que no sabemos, Moctezuma preparó cien mil hombres tan secretamente, que Cortés no lo supo, para que si los españoles no se iban diciéndoselo, los prendiesen y matasen. Así que, con esto, determinó hablar a Cortés. Y una día salió disimuladamente al patio con muchos de sus caballeros, a quien debía dar parte, y envió a llamar a Cortés. Cortés dijo: "No me agrada esta novedad; quiera Dios sea para bien", Tomó doce españoles, los que más a mano halló, y fue a ver qué le quería o para qué le llamaba, cosa que no solía hacer. Moctezuma se levantó a él, lo cogió de la mano, lo metió en una sala, mandó traer asientos para ambos, y le dijo: "Os ruego que os vayáis de esta mi ciudad y tierra, pues mis dioses están conmigo muy enojados porque os tengo aquí; pedidme lo que quisiereis, y dároslo he, porque os amo mucho; y no penséis que os digo esto burlando, sino muy de veras.

Por lo demás, cumple que así se haga en todo caso". Cortés cayó en seguida en la cuenta, pues no le pareció que le recibía con el talante de otras veces, puesto que usó con él todas aquellas ceremonias y buena crianza; y antes de que el faraute acabase de declararle la voluntad de Moctezuma, dijo a un español de los doce que fuese a avisar a los compañeros que se aparejasen, por cuanto se trataba con él de sus vidas. Entonces se acordaron los nuestros de lo que les habían dicho en Tlaxcallan, y todos vieron que era menester gracia de Dios y buen corazón para salir de aquella afrenta. Cuando acabó el intérprete, respondió Cortés: "He entendido lo que decía, y os lo agradezco mucho; ved cuándo mandáis que nos vayamos, y así se hará". Replicó Moctezuma: "No quiero que os vayáis sino cuando quisiereis, y tomad el término que os parezca, que para entonces os daré a vos dos cargas de oro, y una a cada uno de los vuestros". Entonces le dijo Cortés: "Ya, señor, sabéis cómo eché al través mis naos en cuanto llegamos a vuestra tierra; por tanto, quería que llamaseis a vuestros carpinteros para cortar y labrar madera, que yo tengo quien haga las naos; y hechas, nos iremos, si nos dais lo que habéis prometido, y decidlo así a vuestros dioses y vuestros vasallos". Gran contento mostró entonces Moctezuma, y dijo: "Sea así". Y luego hizo llamar a muchos carpinteros; fueron a unos pinares, cortaron muchos y grandes árboles y comenzaron a labrarlos.

Moctezuma, que no debía ser muy malicioso, lo creyó; sin embargo, Cortés habló con sus españoles, y dijo a los que enviaba: "Moctezuma quiere que nos vayamos de aquí porque sus vasallos y el diablo le andan al oído; cumple que se hagan navíos; id con estos indios por vuestra fe, y córtese harta madera, que entre tanto, Dios nuestro Señor, cuyo negocio tratamos, proveerá de gente, socorro y remedio para que no perdamos esta buena tierra; y conviene mucho que pongáis la mayor dilación posible, pareciendo que hacéis algo, no sospechen ésos mal, para que así los engañemos y hagamos acá lo que nos cumple. Vais con Dios, y avisadme siempre cómo estáis allí y qué hacen o dicen ésos".

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