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Desarrollo


Cómo vinieron los indios aperúes a hacer paz y dar la obediencia Dende a pocos días que los seis indios aperúes se volvieron para los suyos, después que los mandó soltar el gobernador para que fuesen a asegurar a los otros indios de su generación, un domingo de mañana llegaron a la ribera del Paraguay, de la otra parte, a vista de la ciudad de la Ascensión, hechos un escuadrón; los cuales hicieron seña a los de la ciudad, diciendo que querían pasar a ella; y sabido por el gobernador, luego mandó ir canoas a saber qué gente eran; y como llegaron a tierra, los dichos indios se metieron en ellas y pasaron de esta otra parte hacia la ciudad; y venidos delante del gobernador, dijeron como eran gente de paz, según su costumbre; y sentados, dijeron que eran los principales de aquella generación llamada aperúes, y que venían a conoscerse con el principal de los cristianos y a lo tener por amigo y hacer lo que él les mandase; y que la guerra que se habla hecho a los indios guaycurúes la habían sabido por toda la tierra, y que por razón de ello todas las generaciones estaban muy temerosas y espantadas de que los dichos indios, siendo los más valientes y temidos, fuesen acometidos y vencidos y desbaratados por los cristianos; y que en señal de la paz y amistad que querían tener y conservar con los cristianos, trujeron consigo ciertas hijas suyas, y rogaron al gobernador que las recebiese, y para que ellos estuviesen más cierto y seguros y los tuviesen por amigos, las daban en rehenes; y estando presentes a ello los capitanes y religiosos que consigo traía el gobernador, y ansimismo en presencia de los oficiales de Su Majestad, dijo que él era venido a aquella tierra a dar a entender a los naturales de ella cómo habían de ser cristianos y enseñados en la fe, y que diesen la obediencia a Su Majestad, y tuviesen paz y amistad con los indios guaraníes, pues eran naturales de aquella tierra y vasallos de Su Majestad, y que, guardando ellos el amistad y otras cosas que les mandó de parte de Su Majestad, los recebiría por sus vasallos y como a tales los ampararía y defendería de todos, guardando la paz y amistad con todos los naturales de aquella tierra, y mandaría a todos los indios que los favoresciesen y tuviesen por amigos y dende allí los tuviesen por tales, y que cada y cuando que quisiesen pudiesen venir seguros a la ciudad de la Ascensión a rescatar y contratar con los cristianos e indios que en ella residían, como lo hacían los guaycurúes después que asentó la paz con ellos; y para tener seguros de ellos, el gobernador recebió las mujeres e hijos que le dieron, y también porque no se enojasen, creyendo que, pues no los tomaba, no los admitía; las cuales mujeres y muchachos el gobernador dio a los religiosos y clérigos para que los doctrinasen y enseñasen la doctrina cristiana, y los pusiesen en buenos usos y costumbres; y los indios se holgaron mucho de ello, y quedaron muy contentos y alegres por haber quedado por vasallos de Su Majestad, y dende luego como tales le obedescieron y propusieron de cumplir lo que por parte del gobernador les fue mandado; y habiéndoles dado muchos rescates, con que se alegraron y contentaron mucho, se fueron muy alegres.

Estos indios de que se ha tratado nunca están quedos de tres días arriba en un asiento; siempre se mudan de tres a tres días, y andan buscando la caza y monterías y pesquerías para sustentarse, y traen consigo sus mujeres e hijos, y deseoso el gobernador de atraerlos a nuestra santa fe católica, preguntó a los clérigos y religiosos si había manera para poder industriar y doctrinar aquellos indios. Y le respondieron que no podía ser, por no tener los dichos indios asiento cierto, y porque se las pasaban los días y gastaban el tiempo en buscar de comer; y que por ser la necesidad tan grande de los mantenimientos, que no podían dejar de andar todo el día a buscarlos con sus mujeres e hijos; y si otra cosa en contrario quisiesen hacer, morirían de hambre; y que sería por demás el trabajo que en ello se pusiese, porque no podrían venir ni sus mujeres e hijos a la doctrina, ni los religiosos estar entre ellos, porque había poca seguridad y menos confianza.

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