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CAPÍTULO XV Cantos tristes de la Conquista Tal vez el mejor final que pueda darse a la Visión de los vencidos sea la trascripción de unos cuantos icnocuícatl, cantares tristes, verdaderas elegías, obra de los cuicapicque o poetas nahuas postcortesianos. El primer icnomicatl acerca de la Conquista que a continuación se transcribe, proviene de la colección de "Cantares Mexicanos" y probablemente fue compuesto hacia el año de 1523. En él se recuerda con tristeza la forma como se perdió para siempre el pueblo mexicatl. El siguiente poema es todavía más expresivo. Tomado del manuscrito indígena de 1528, describe con un dramatismo extraordinario cuál era la situación de los sitiados durante el asedio de México-Tenochtitlan. Finalmente, el tercer poema, que forma parte del grupo de poemas melodramáticos que servían para ser representados. Comprende desde la llegada de los conquistadores a Tenochtitlan, hasta la derrota final de los mexicas. Aquí tan sólo se transcriben los más dramáticos momentos de la parte final. Estos poemas, con más elocuencia que otros testimonios, muestran ya la herida tremenda que dejó la derrota en el ánimo de los indios. Son, usando las palabras de Garibay, uno de los primeros indicios del trauma de la Conquista. Se ha perdido el pueblo mexicatl El llanto se extiende, las lágrimas gotean allí en Tlatelolco. Por agua se fueron ya los mexicanos; semejan mujeres; la huida es general. ¿Adónde vamos?, ¡oh amigos! Luego ¿fue verdad? Ya abandonan la ciudad de México: el humo se está levantando; la niebla se está extendiendo# Con llanto se saludan el Huiznahyácatl Motelhuihtzin, el Tlailotlácatl Tlacotzin, el Tlacatecuhtli Oquihtzin# Llorad, amigos míos, tened entendido que con estos hechos hemos perdido la nación mexicana.

¡El agua se ha acedado, se acedó la comida! Esto es lo que ha hecho el Dador de la vida en Tlatelolco. Sin recato son llevados Motelhuithtzin y Tlacontzin. Con cantos se animaban unos a otros en Acahinanco, ah, cuando fueron a ser puestos a prueba allá en Coyoacan#. Los últimos días del sitio de Tenochtitlan Y todo esto pasó con nosotros. Nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos. Con esta lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados. En los caminos yacen dardos rotos, los cabellos están esparcidos. Destechadas están las casas, enrojecidos tienen sus muros. Gusanos pululan por calles y plazas, y en las paredes están salpicados los sesos. Rojas están las aguas, están como teñidas, y cuando las bebimos, es como si bebiéramos agua de salitre. Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y era nuestra herencia una red de agujeros. Con los escudos fue su resguardo, pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad. Hemos comido palos de colorín, hemos masticado grama salitrosa, piedras de adobe, lagartijas, ratones, tierra en polvo, gusanos# Comimos la carne apenas, sobre el fuego estaba puesta. Cuando estaba cocida la carne, de allí la arrebataban, en el fuego mismo, la comían. Se nos puso precio. Precio del joven, del sacerdote, del niño y de la doncella. Basta: de un pobre era el precio sólo dos puñados de maíz, sólo diez tortas de mosco; sólo era nuestro precio veinte torta de grama salitrosa. Oro, jades, mantas ricas, plumajes de quetzal, todo eso que es precioso, en nada fue estimado#.

La ruina de tenochcas y tlatelolcas Afánate, lucha, ¡oh Tlacatéccatl Temilotzin!: ya salen de sus naves los hombres de Castilla y los de las Chinampas. ¡Es cercado por la guerra el tenochca; es cercado por la guerra el tlatelolca! Ya viene a cerrar el paso el armero Coyohuehuetzin; ya salió por el gran camino del Tepeyac: el acolhua. ¡Es cercado por la guerra el tenochca; es cercado por la guerra el tlatelolca! Ya se ennegrece el fuego; ardiendo revienta el tiro, ya se ha difuminado la niebla: ¡Han aprehendido a Cuautémoc! ¡Se extiende una brazada de príncipes mexicanos! ¡Es cercado por la guerra el tenochca, es cercado por la guerra el tlatelolca!. La prisión de Cuauhtémoc ¡Es cercado por la guerra el tenochca; es cercado por la guerra el tlatelolca! Ya se ennegrece el fuego, ardiendo revienta el tiro: ya la niebla se ha difundido: ¡Ya aprendieron a Cuauhtemoctzin: una brazada se extiende de príncipes mexicanos! ¡Es cercado por la guerra el tenochca; es cercado por la guerra el tlatelolca! Pasados nueve días son llevados en tumulto a Coyohuacan, Cuauhtemoctzin, Coanacoch, Tetlepanquetzaltzin: prisioneros son los reyes. Los confortaba Tlacotzin y les decía: Oh, sobrinos míos, tened ánimo: con cadenas de oro atados, prisioneros son los reyes. Responde el rey Cuauhtemoctzin: Oh sobrino mío, estás preso, estás cargado de hierros. ¿Quién eres tú, que te sientas junto al Capitán General? ¡Ah es doña Isabel, mi sobrinita! ¡Ah, es verdad, prisioneros son los reyes! Por cierto serás esclava, serás persona de otro: "será forjado" el collar, el quetzal será tejido en Coyohuacan. ¿Quién eres tú, que te sientas junto al Capitán General? ¡Ah es doña Isabel, sobrinita! ¡Ah, es verdad, prisioneros son los reyes!".

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