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Datos principales


Desarrollo


CAPÍTULO XIII De las propriedades del Estrecho de Magallanes El Estrecho, como está dicho, está a la altura de cincuenta y dos grados escasos al Sur; tiene de espacio dende un mar a otro, noventa o cien leguas; donde más angosto será de una legua, algo menos, y allí pretendían que el Rey pusiese una fuerza para defender el paso. El fondo en partes es tan profundo que no se puede sondar; en otras se halla fondo, y en algunas no tiene más que diez y ocho, y aun en otras no más de quince brazas. De las cien leguas que tiene de largo de mar a mar, se reconoce claro que las treinta va entrando por su parte la mar del Sur, y va haciendo señal con sus olas; y las otras setenta leguas hace señal la mar del Norte con las suyas. Hay empero esta diferencia, que las treinta del Sur corre entre peñas altísimas, cuyas cumbres están cubiertas perpetuamente de nieve, y según son altas, parece que se juntan, y por eso es tan difícil reconocer la entrada del Estrecho por la mar del Sur. Estas mismas treinta leguas es de inmensa profundidad, sin que se pueda dar fondo en ellas, pero puédense varar los navíos en tierra, según es sondable su ribera. Las otras setenta leguas que entra la mar del Norte, se halla fondo, y tienen a la una banda y a la otra, grandes campos y sabanas, que allá llaman. Entran en el Estrecho muchos ríos y grandes de linda agua. Hay maravillosas arboledas y algunos árboles de madera escogida y olorosa, y no conocida por acá, de que llevaron muestra los que pasaron del Pirú.

Hay grandes praderías la tierra adentro; hace diversas islas en medio del Estrecho. Los indios que habitan a la banda del Sur son pocos, chicos y ruines; los que habitan a la banda del Norte, son grandes y valientes, de los males trajeron a España algunos que tomaron. Hallaron pedazos de paño azul y otras insignias claras de haber pasado por allí gente de Europa. Los indios saludaron a los nuestros con el nombre de Jesús. Son flecheros; andan vestidos de pieles de venados, de que hay copia por allí. Crecen y descrecen las aguas del estrecho con las mareas, y vense venir las unas mareas de la mar del Norte, y las otras de la mar del Sur, claramente, y en el lugar donde se encuentran, que como he dicho es treinta leguas del Sur y setenta del Norte, parece ha de haber más peligro que en todo el resto. Pero cuando pasó La Capitana de Sarmiento, que he dicho, no padecieron grave tormenta, antes hallaron mucho menos dificultad de lo que pensaban; porque demás de ser entonces el tiempo bonancible, vienen las olas del mar del Norte muy quebrantadas, por el gran espacio de setenta leguas que entran, y las olas del mar del Sur, por ser su profundo inmenso, tampoco muestran tanta furia anegándose en aquella profundidad. Bien es verdad que en tiempo de invierno es innavegable el Estrecho por la braveza de los vientos e hinchazón de las mares de allí hay, y por eso se han perdido algunas naos que han pretendido pasar el Estrecho, y de la parte del Sur sola una le ha pasado, que es La Capitana que he dicho, de cuyo piloto mayor llamado Fernando Alonso tuve yo muy larga relación de todo lo que digo, y vi la verdadera descripción y costa del Estrecho, que como la iban pasando la fueron haciendo, cuya copia trajeron al rey a España, y llevaron a su virrey al Pirú.

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