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CAPITULO VI De la amenidad de los campos; plantas y arboles mas comunes y particulares que los pueblan 107 Es tan comun y permanente la fertilidad de las campañas de todo aquel país cercano á Cartagena que causa admiracion ver la frondosidad con que lo adornan las varias plantas silvestres que se crian en él y que nunca lleguen á perder estas aquellos lozanos brios con que la tierra las produxo y siendo constante el verdor y tan vario segun la diversidad de tantas hojas con que se visten los arboles y esmaltan los prados y las selvas, goza la vista en ellos el recreo de estenderse siempre sobre la perpetua primavera de aquel clima. Pero aquellos naturales poco inclinados á la agricultura se aprovechan perezosamente de los primores con que la naturaleza lo dotó. Las ramazones y brotes de los arboles en aquellos espaciosos ámbitos forman con sus entre texidos lazos espesas nubes de hojas que no permiten á los rayos del sol el penetrarlas y dar luz ni calor á las selvas que componen entre sí. 108 A proporcion que aquel país está poblado de corpulentos y espesos arboles, son estos varios en sus especies y particulares respecto de los de Europa; y entre todos exceden en la corpulencia los caobos, cedros, marias y balsamos, sirviendo los primeros para fabricar de su madera las canoas y champanes, de que se usan para la pesca y tráfico de comercio por los esteros y rios en todo lo que se estiende la jurisdiccion de aquel govierno. Estos no producen ninguna fruta util para las mesas porque refunden todo su vigor en formar una madera muy consistente, hermosa y fragrante.

En los cedros hay dos especies la una es blanca, y la otra, colorada, y esta ultima, la que tiene mas estimacion. Las marias y balsamos, ademas de la utilidad de sus maderas, destilan las estimables resinas del aceyte de Maria y balsamo que llaman de Tolú por ser en las campañas inmediatas á la poblacion de este nombre donde se coge con mas abundancia, y es su virtud mas eficaz. 109 Además de estos, hay tamarindos, nisperos, sapotes, papayos, guayabos, cañasistolos, palmas, manzanillos y otros muchos que producen variedad de frutas comestibles, y sus maderas son de muy buena calidad y con diversidad de colores. Entre estos, es particular el manzanillo, cuya fruta le dá el nombre por semejarse á las manzanas en la figura, color y olor, aunque algo mas pequeña; su calidad es totalmente contraria á la de aquella y nociva á la naturaleza, pues, debaxo de una hermosura y bondad aparente, encierra un veneno tan pernicioso que, sin llegarla á comer, se experimentan los malos efectos de su ponzoña; el arbol es grande y coposo, y su madera, recia, de color algo amarillo; quando se corta, destila con abundancia un suco blanco algo parecido al de las higueras aunque no tan sólido ni blanco, pero tan ponzoñoso como la fruta, pues, llegando á tocar alguna parte de la carne, la cauteriza é inflama, y este daño se comunica á todo lo restante del cuerpo hasta que con remedios exteriores se procuran contener sus progressos; assi, es necessario, despues que está cortado, dexarlo secar algun tiempo para poderlo labrar sin peligro, y entonces queda hermosa su madera, que es toda beteada sobre aquel ligero amarillo de su propio color.

Si por inadvertencia llega alguno á comer la fruta, inmediatamente se le hincha todo el cuerpo hasta que, no cabiendo toda su malignidad en él, hace rebentar y perder la vida á el que se engañó con su vista; de esto se han visto algunos exemplares sucedidos con los europeos visoños que van en los navios, quando se ofrece embiarlos al monte á cortar madera para las obras de las embarcaciones, y lo experimentaron muy frequentemente los castellanos recien descubierto este territorio, pero los salvó de la muerte el aceyte comun que hallaron poderoso antidoto á su veneno, segun refiere Herrera. Para evadirse, pues, del daño de estas y otras muchas plantas nocivas, es preciso ir acompañados con gente del país que las conoce. 110 Para hacer comprehender el grado de malignidad de este arbol, engañoso aún con su gran frondosidad, añaden que, poniendose á dormir en la espaciosa sombra que forman sus hojas, es de tanto perjuicio esta que causa la misma hinchazón en la persona, de lo que sobrevienen despues algunos molestos accidentes hasta que se cura con algunas unturas y bebidas frescas, lo qual, con natural instinto que el Supremo Autor ha dado á los irracionales, lo evitan huyendo de ella y menospreciando su fruta. 111 Las empinadas palmas, que á cortos trechos descollan sus copetes sobre los demás arboles, forman una agradable perspectiva en aquellos montes. Estas, aunque no se advierte muy sensible su diferencia, son de varias especies pero, quatro las mas notables, como se reconoce por su fruto.

La una produce racimos de cocos, otra, datiles muy sazonados, la tercera, que llaman palma real, una simiente algo menor que los datiles, aunque su figura no sabrosa ni util para el usto, y la quarta, que llaman de corozo, dá otra fruta mayor que los datiles, sazonada al paladar y propia para hacer bebidas frescas y provechosas á la salud. La palma real produce muchos palmitos de buen gusto y tan grandes que muchas veces llegan á pesar de dos á tres arrobas, y, aunque tambien los crian las otras tres especies, no son ni en tanta abundancia ni tan gustosos y dulces. De todas quatro se hace tambien el vino de palmas, pero lo mas regular es sacarlo de la palma real y de la de corozo porque es mejor; el modo de hacerlo es, unas veces, cortando la palma, y, otras, dexandola en pie, abrirle un agugero, como un dado en el tronco, donde sitúan un canal, y á la piquera de esta, la vasija, en que se recoge el humor ó jugo que destila; dexase fermentar el tiempo necessario, que es quatro ó seis ó mas segun el país, y despues se bebe. Queda entonces de color blanquizco, hace mucha espuma y aun mas que la cerbeza, es algo picante y embriaga en usandolo con demasía; los naturales del país lo tienen por fresco y es muy usado entre los indios y negros. 112 No menos comunes son los guayacanes y evanos, cuya fortaleza quiere competir con el hierro; de ellos se suelen conducir algunas piezas á España, donde tienen la estimacion que no gozan en su país por la abundancia con que los hay.

113 Entre la variedad de plantas menores que á la sombra de las grandes nacen y pueblan los ámbitos inferiores de los bosques y lugares descumbrados, es muy comun la sensitiva, cuya propiedad fuera bastante quando otras pruebas infinitas no lo tuvieron persuadido para convencer la sensibilidad de las plantas. Es tan visible la de esta que, luego que se toca alguna de sus hojitas, se cierran todas las de aquella rama y aprietan unas con otras con tanta prontitud que no parece sino que los resortes de todas ellas estuvieron esperando aquel instante con prevencion para jugar todos á un mismo tiempo; despues que ha passado algun espacio no muy largo, vuelven pausadamente á desplegarse y irse apartando hasta que quedan totalmente abiertas. Esta planta es pequeña; solo se levanta de la tierra como pie y medio ó dos pies; su tronco principal es menudo, y las ramitas, delicadas, á proporcion y endebles; la hoja es muy menudita, larga y unida entre sí, de suerte que puede considerarse el todo de una rama cono una hoja de 4 á 5 pulgadas de largo y 10 lineas de ancho, la qual, subdividida en las otras pequeñas, forma en cada una de ellas la verdadera hojita, que tendrá de 4 á 5 lineas de largo y algo menos que una de ancho. Luego que se toca una de estas, se levantan todas de una y otra parte, hasta que quedan perpendiculares, dexando la disposicion horizontal que antes tenian y, unida por su superficie interior, forman una sola hojilla, las que antes de este tan sensible movimiento eran dos, cada una de su lado.

No siendo propio de este lugar el nombre comun que le dan en Cartagena, havrá de omitirse; en otros parages, donde la tratan con mas decoro, la llaman unos la vergonzosa y otros la doncella. La corta reflexion tenia persuadido á aquellas gentes que las palabras que expressaban su nombre, prorrumpidas al tiempo de tocarla, eran las que producian el efecto y, assi, admiraban que en una yerva huviesse sentido y instinto para manifestar la obediencia á lo que se le mandaba ó que, avergonzada de la injuria, no le fuesse dissimulable el sentimiento. 114 En Guayaquil vimos despues mucha de esta yerva, y su temperamento parece aún mas propio que el de Cartagena para ella, assi por su mayor abundancia como porque la planta crece con mas vigor y llega á tener de 3 á 4 pies de alto, á cuya proporcion es la hoja. Tambien se suele encontrar en algunos parages de Europa aunque en ellos no es muy comun. 115 Hay en aquellos montes grande abundancia de bejucos, unos mas gruesos que otros, algunos chatos y, en fin, de diversidad de figuras y aun de colores. Entre estos, se conoce uno particularissimo por la fruta que produce, á quien dan el nombre de habilla de Cartagena; y siendo su virtud especial, no fuera justo dexarla en el silencio. El porte de esta habilla es como de una pulgada de ancho y nueve lineas de largo; formada como un corazon y chata, tiene una cascara algo dura aunque delgada, blanquizca y escabrosa en lo exterior, la qual encierra una medula como la de la almendra regular, no tan blanca y con extremo amarga.

Esta comida es uno de los mas eficaces antidotos que se conocen allí contra las ponzoñosas picadas de las viboras y culebras, tal que un poco inmediatamente detiene los contrarios efectos del veneno y no dá lugar á que llegue á operar. Por esta razon, todos los que tienen su exercicio en el monte se preparan antes de entrar en él á cortar madera, rozar ó cazar comiendo un pedacito de esta habilla en ayunas, con cuya precaucion no llevan cuidado, pues he oido decir á un europeo, cuyo exercicio era el de la caza, y á otras personas dignas de todo credito que, aunque recibiessen alguna picada, no experimentaban daño. Dice aquella misma gente que la naturaleza de esta habilla es con extremo cálida y que, por esta razon, no se puede comer mucha, de modo que la dosis regular es menos de la quarta parte de una y que es menester precaberse de no beber inmediatamente á haverla comido ningun licor cálido como vino, aguardiente ú otro de esta especie. En este particular, no se puede juzgar otra cosa sino que la misma experiencia les ha servido de maestro. En muchas partes de las Indias inmediatas á Cartagena es conocida esta habilla por la particularidad de su virtud, y en todas la estiman mucho y la dan el mismo nombre por ser la jurisdiccion de esta ciudad la que goza el privilegio de producirla.

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