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Desarrollo


Capítulo tercero Del lenguaje y afectos que usavan cuando oravan al principal dios, llamado Tezcatlipuca, y Yáutl, Nécoc Yáutl, Monequi, demandándole favor en tiempo de guerra contra sus enemigos. Es oración de los sátrapas que contiene muy delicadas metáphoras y muy elegante lenguaje; En ella manifiestamente se ve que creían que todos los que morían en la guerra ivan a la casa del sol, donde gozavan de deleites eternos Señor nuestro, humaníssimo, piadosíssimo, amparador y defensor, invisible y impalpable, por cuyo alvedrío y sabiduría somos regidos y governados, debaxo de cuyo imperio bivimos, señor de las batallas, es cosa muy cierta y averiguada que comiença a fabricarse, ordenarse y formarse y concertarse gran guerra. El dios de la tierra abre la boca con hambre de tragar la sangre de muchos que murirán en esta guerra. Parece que se quieren regozijar el sol y el dios de la tierra, llamado Tlaltecutli. Quieren dar de comer y bever a los dioses del cielo y del infierno, haziéndoles combite con sangre y carne de los hombres que han de morir en esta guerra. Ya están a la mira los dioses del cielo y del infierno para ver quiénes son los que han de vencer y quiénes son los que han de ser vencidos, quiénes son los que han de matar y quiénes son los que han de ser muertos, cuya sangre ha de ser bevida, cuya carne ha de ser comida. De lo cual están ignorantes los padres y madres nobles, cuyos hijos han de morir; asimismo lo ignoran todos sus parientes y afines, y las amas que los criaron cuando niños y los dieron la leche con que los criaron, por los cuales sus padres padecieron muchos trabajos buscándolos las cosas necessarias de comer y bever y vestir y calçar, hasta ponerlos en la edad en que agora están.

Ciertamente no adivinavan el fin que havían de haver los hijos que con mucho trabajo criaron, o si havían de ser captivos o si havían de ser muertos en el campo. Tened otrosí por bien, ¡oh, señor nuestro! que los nobles que murieren en el contraste de la guerra sean pacífica y jocundamente rescebidos del sol y de la tierra, que son padre y madre de todos, con entrañas de amor. Porque a la verdad no os engañáis en lo que hazéis, conviene a saber, en querer que mueran en la guerra, porque a la verdad para esto los embiastes a este mundo, para que con su carne y su sangre den de comer al sol y a la tierra. No te ensañes, señor, agora nuevamente en éstos, al exercicio de la guerra, porque en el mismo lugar donde éstos murirán han muerto gran cantidad de generosos y nobles señores, y capitanes y valiente hombres, porque la nobleza y generosidad de los nobles y generosos en el exercicio de la guerra se manifiesta y se señala. Y allí dais, señor, a entender de cuánta estima y preciosidad es cada uno, para que por tal sea tenido y honrado, bien ansí como piedra preciosa y plumaxe rico. ¡Oh, señor humaníssimo, señor de las batallas, emperador de todos, cuyo nombre es Tezcatlipuca, invisible y impalpable! Suplícoos que aquel o aquellos que permitiéredes murir en esta guerra sean rescebidos en la casa del sol, en el cielo, con amor y con honra, y sean colocados y aposentados entre los valientes y famosos que han muerto en la guerra, conviene a saber, con el señor Quitziccuacuatzin, y con el señor Maceuhcatzin, y con el señor Tlacauepantzin, y con el señor Ixtlilcuecháuac, y con el señor Ilhuitl Témuc, y con el señor Chauacuetzin, y con todos los demás valientes y famosos hombres que han muerto en las guerras ante de ésta, los cuales están haziendo regozijo, y aplauso a nuestro señor el sol, con el cual se gozan y están ricos de perpetuo gozo y riqueza, y que nunca se les acabará, y siempre andan chupando el dulçor de todas las flores dulces y suaves de gustar.

Este es gran deporte a los valientes y esforçados que murieron en la guerra, y con esto se embriagan de gozo y no se les acuerda ni tienen cuenta con noche ni con día, y no tienen cuenta con años ni con tiempos, porque su gozo y su riqueza es sin fin, y las flores que chupan nunca se marchitan y son de gran suavidad, con desseo de las cuales se esforçaron a morir los hombres de buena casta. En conclusión, lo que ruego a vuestra magestad, que sois nuestro señor humaníssimo, nuestro emperador invictíssimo, es que tengáis por bien que los que murieren en esta guerra sean rescebidos con entrañas de piedad y de amor de nuestro padre el sol y de nuestra madre la tierra, porque vos solo bivís y reináis y sois nuestro señor humaníssimo. No solamente ruego por aquellos muy principales y muy generosos y nobles, pero también por todos los demás soldados que son afligidos y atormentados en su coraçón y claman en vuestra presencia, llamándoos, que no tienen en nada sus vidas, que sin temor se arrojan a los enemigos con desseo de morir, concedeldos si quiera alguna partezilla de lo que quieren y dessean, que es algún reposo y descanso en esta vida. O si acá en el mundo no han de medrar, señalaldos por servidores y oficiales del sol para que administren comida y bevida a los del infierno y a los del cielo. Y aquellos que han de tener cargo de regir la república o han de ser tlacatéccatl o tlacochcálcatl, dadlos habilidad para que sean padres y madres de la gente de guerra que andan por los campos y por los montes y suben los riscos y descienden a las barrancas; y en su mano ha de estar el sentenciar a muerte a los enemigos y criminosos, y también ha de estar en su mano el destribuir vuestras dignidades, que son los oficios y armas de la guerra, como son rodelas y las demás armas y insignias, como privilegiar a los que han de traer barbotes y borlas en la cabeça, y orejeras y pinjantes y braçaletes y cueros amarillos atados a las gargantas de los pies, y que han de privilegiar y declarar la manera de los maxtles y de las mantas que a cada uno conviene traer.

Estos mesmos han de dar licencia a los que han de usar y traer piedras preciosas, como son chalchihuites y turquesas, y quién ha de traer plumas ricas en los areitos, y quién ha de usar de collares y joyas de oro, todo lo cual son dones delicados y preciosos que salen de vuestras riquezas y hazéis merced a los que hazen hazañas y valentía en la guerra. Ruego asimesmo a vuestra magestad que hagáis mercedes de vuestra largueza a los demás soldados baxos. Daldos algún abrigo y buena passada en este mundo, y hazeldos esforçados y osados, y quitad toda cobardía de su coraçón, para que con alegría, no solamente con alegría, resciban la muerte, pero que la desseen y la tengan por suave y dulce, y que no teman las espadas ni las saetas, mas que las tengan por cosa dulce y suave, como a flores y manjares suaves, ni teman ni se espanten de la grita y alaridos de sus enemigos; esto hazed con ellos como con vuestros amigos. Y por cuanto es vuestra magestad señor de las batallas y de cuya voluntad depende la victoria, y a quien quisiéredes ayudáis, y a quien quisiéredes desamparáis, y no tenéis necessidad de que nadie os dé consejo, y pues que esto es ansí, suplico a vuestra magestad que desatinéis y emborrachéis a nuestros enemigos para que se arrojen en nuestras manos y, sin hazernos daño, cayan todos en las manos de nuestros soldados y peleadores que padecen pobreza y trabajos. ¡Oh, señor nuestro! Tenga por bien vuestra magestad, pues que sois dios y lo podéis todo y lo ordenáis todo y entendéis en disponer todas las cosas y en ordenar y disponer, que esta vuestra república sea rica y próspera y ensalçada y honrada y afamada en los exercicios y valentías de la guerra, y que bivan y que sean prósperos aquellos en quien está agora el exercicio de la guerra, que sirven al sol. Y si en algún tiempo adelante tuviéredes por bien que mueran en la guerra, sea para que vayan a la casa del sol con los varones famosos y valientes que allá están y murieron en la guerra.

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