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Desarrollo


Capítulo LXXIX Que trata de la orden que el gobernador Valdivia dio en su partida Hechas las mercedes y dada la provisión, y pasado entre el presidente y el gobernador grandes ofertas y largas promesas y notables ofrecimientos, pidióle licencia el gobernador Valdivia al presidente para sacar gente por la mar en navío y por tierra de aquel reino y provincial para traer a éstas, para que sirviesen, poblasen y sustentasen. El presidente se la dio, y juntamente con ella todo favor, viendo los gastos tan excesivos que había hecho después que el gobernador allegó al Pirú a servir a Su Majestad. Excedía la suma hasta aquel punto en más de ciento y cincuenta mil pesos de oro y estaba adeudado en el Pirú en más de los cincuenta mil pesos de oro. Y viendo el presidente que no tenía aparejo para se proveer de navío, mandó a los oficiales de Su Majestad que le vendiesen un galeón y una galera de la real armada, que estaba en el puerto de Reyes, y le fiasen los dineros por el tiempo que les pareciese, y que dejase sus escrituras de ello. Hecho esto, luego se partió el gobernador a tomar aquellos navíos que estaban en el puerto de los Reyes, y entendió con toda diligencia y gran solicitud en su presto despacho, llevando como llevó del presidente todos los despachos que para lo uno y lo otro le eran al gobernador necesarias. Antes que el gobernador saliese del Cuzco, despachó al capitán Esteban de Sosa con ochenta de a caballo para que fuese por tierra hasta el valle de Atacama, y que caminase con toda diligencia, y que le aguardase allí, teniéndole mucha provisión recogida para toda la gente que fuese para pasar el despoblado, porque dende a tres meses, que no había más de término, estarían recogidas todas las comidas y bastimentos.

Hay desde el Cuzco hasta aquel valle trescientas leguas. Y que fuese con la diligencia que convenía, porque si breve fuese, las tomaría en el campo en sus sementeras, porque caminando con todo aviso y no sabiendo los naturales de su ida, no tendrían lugar de las esconder y enterrar, como suelen hacer. Y de esta suerte partieron el gobernador para la ciudad de los Reyes y el capitán Esteban de Sosa con los ochenta de a caballo para Atacama en un día. Juntamente con este capitán despachó el gobernador otros tres capitanes, y mandó a los dos que fuesen a la villa viciosa de Arequipa a hacer gente, el uno fue el capitán don Cristóbal de la Cueva, y el otro fue el capitán Diego Oro. Y mandóles que allí les esperasen hasta que volviese. Y mandó al otro capitán que fuese a las provincias de las Charcas, éste fue el capitán Joan Jufré y lo mismo le dijo que a los otros, que caminase para el valle de Atacama, y se juntase con el capitán Esteban de Sosa que para allá iba. Despachados estos capitanes como dicho habemos, salió el gobernador del Cuzco a veinte y seis de abril, año de mil y quinientos y cuarenta y ocho. Allegó en diez días a la ciudad de los Reyes, y luego presentó las cartas y comisión del presidente a los oficiales de Su Majestad. Y vistas entregaron el galeón y la galera en la cantidad de veinte mil castellanos y de ellos dio una escritura, y con éstos compró el navío que trajo de la gobernación del Nuevo Extremo y lo envió a Panamá a aderezarlo, porque en aquella sazón no había aparejo en la ciudad de los Reyes.

Porque tenía voluntad de en llegando a la gobernación, de enviar a descubrir el estrecho de Magallanes para saber cuántas leguas había de la gobernación, y si era buena navegación, porque deseaba hacer este señalado servicio a Su Majestad, descubrirle esta nueva y provechosa navegación, porque su intento principal era hacer obras famosas y servicios hazañosos y dignos de perpetua memoria a la Corona Real de España y ensanchar los patrimonios reales. Y como era solícito diose tan buena maña que dentro de un mes tenía la armada presta. Y salió del puerto de la ciudad de los Reyes el gobernador dentro de la galera, y sus galeones en conserva. Venía en el uno por capitán Gerónimo de Alderete. Y desque llegaron a la Nasca, salió el gobernador fuera de la galera en tierra con seis hombres, y dejó en su lugar por capitán del armada a Gerónimo de Alderete, el cual siguió su viaje con la armada con gran trabajo por la navegación tan trabajosa, que se navega a la bolina desde toda la costa del Pirú y aun desde Panamá hasta toda la gobernación de Chile, porque en todo la más parte del año vienta el viento Aquilón. Pues dándole cargo del armada el gobernador a Gerónimo de Alderete, se partió por tierra con seis criados por no ir padeciendo por la mar hasta llegar al embarcadero del puerto de Arica, que es la última escala de los reinos del Pirú navegando para Chile.

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