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Datos principales


Desarrollo


De cómo los indios del puerto de los Reyes son labradores Los indios de este puerto de los Reyes son labradores; siembran maíz y mandioca (que es el cazabí de las Indias), siembran mandubies (que son como avellanas), y de esta fruta hay gran abundancia, y siembran dos veces en el año; es tierra fértil y abundosa, así de mantenimientos de caza y pesquerías; crían los indios muchos patos en gran cantidad para defenderse de los grillos (como tengo dicho). Crían gallinas, las cuales encierran de noche, por miedo de los murciélagos, que les cortan las crestas, y cortadas, las gallinas se mueren luego. Estos murciélagos son una mala sabandija, y hay muchos por el río que son tamaños y mayores que tórtolas de esta tierra, y cortan tan dulcemente con los dientes, que al que muerden no lo siente; y nunca muerden al hombre si no es en las lumbres de los dedos de los pies o de las manos, o en el pico de la nariz, y el que una vez muerde, aunque haya otros muchos, no morderá sino al que comenzó a morder; y éstos muerden de noche y no parescen de día; tenemos que hacer en defenderles las orejas de los caballos; son muy amigos de ir a morder en ellas, y en entrando unos murciélagos donde están los caballos, se desasosiegan tanto, que despiertan a toda la gente que hay en la casa, y hasta que los matan o echan de la caballeriza, nunca se sosiegan; y al gobernador le mordió un murciélago estando durmiendo en un bergantín, que tenía un pie descubierto, y le mordió en la lumbre de un dedo del pie, y toda la noche estaba corriendo sangre hasta la mañana, que recordó con el frío que sintió en la pierna y la cama bañada en sangre, que creyó que le habían herido; y buscando dónde tenía la herida, los que estaban en el bergantín se reían de ello, porque conoscían y tenían experiencia de que era mordedura de murciélago, y el gobernador halló que le había llevado una rebanada de la lumbre del dedo del pie.

Estos murciélagos no muerden sino adonde hay vena, y éstos hicieron una muy mala obra, y fue que llevábamos a la entrada seis cochinas preñadas para que con ellas hiciésemos casta, y cuando vinieron a parir, los cochinos que parieron, cuando fueron a tomar las tetas, no hallaron pezones, que se los habían comido todos los murciélagos, y por esta causa se murieron los cochinos, y nos comimos las puercas por no poder criar lo que pariesen. También hay en esta tierra otras malas sabandijas, y son unas hormigas muy grandes, las cuales son de dos maneras: las unas son bermejas, y las otras son muy negras; doquiera que muerden cualquiera de ellas, el que es mordido está veinticuatro horas dando voces y revolcándose por tierra, que es la mayor lástima del mundo de lo ver; hasta que pasan las veinticuatro horas no tienen remedio ninguno, y pasadas, se quita el dolor; y en este puerto de los Reyes, en las lagunas, hay muchas rayas, y muchas veces los que andan a pescar en el agua, como las ven, huéllanlas, y entonces vuelven con la cola, y hieren con una púa que tienen en la cola, la cual es más larga que un dedo; y si la raya es grande, es como un geme, y la púa es como una sierra; y si da en el pie, lo pasa de parte a parte, y es tan grandísimo el dolor como el que pasa el que es mordido de hormigas; mas tiene un remedio para que luego se quite el dolor, y es que los indios conoscen una yerba que luego como el hombre es mordido la toman, y majada, la ponen sobre la herida de la raya, y en poniéndola se quita el dolor; mas tiene más de un mes que curar en la herida.

Los indios de esta tierra son medianos de cuerpo, andan desnudos en cueros, y sus vergüenzas de fuera; las orejas tienen horadadas y tan grandes, que por los agujeros que tienen en ellas les cabe un puño cerrado, y traen metidas por ellas unas calabazuelas medianas, y continuo van sacando aquéllas y metiendo otras mayores; y ansí las hacen tan grandes, que casi llegan cerca de los hombros, y por esto les llaman los otros indios comarcanos orejones, y se llaman como los ingas del Perú, que se llaman orejones. Estos cuando pelean se quitan las calabazas o rodajas que traen en las orejas, y revuélvense en ellas mismas, de manera que las encogen allí, y si no quieren hacer esto, anúdanlas atrás, debajo del colodrillo. Las mujeres de éstos no andan tapadas sus vergüenzas; viven cada uno por sí con su mujer e hijos; las mujeres tienen cargo de hilar algodón, y ellos van a sembrar sus heredades, y cuando viene la tarde, vienen a sus casas, y hallan la comida aderezada; todo lo demás no tienen cuidado de trabajar en sus casas, sino solamente cuando están los maíces para coger; entonces ellas lo han de coger y acarrear a cuestas y traer a sus casas. Dende aquí comienzan estos indios a tener idolatría, y adoran ídolos que ellos hacen de madera; y según informaron al gobernador adelante la tierra adentro tienen los indios ídolos de oro y de plata, y procuró con buenas palabras apartarlos de la idolatría, diciéndoles que los quemasen y quitasen de sí, y creyesen en Dios verdadero, que era el que había criado el Cielo y la Tierra, y a los hombres, y a la agua, y a los peces, y a las otras cosas, y que lo que ellos adoraban era el diablo, que los tenía engañados; y así, quemaron muchos de ellos, aunque los principales de los indios andaban atemorizados, diciendo que los mataría el diablo, que se mostraba muy enojado; y luego que se hizo la iglesia y se dijo misa, el diablo huyó de allí, y los indios andaban asegurados, sin temor. Estaba el primer pueblo del campo hasta poco más de media legua, el cual era de ochocientas casas, y vecinos todos labradores.

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