En previsión de una expansión alemana por Europa que supusiese una confrontación con los aliados de Gran Bretaña, principalmente Francia, en Londres diferentes voces, entre ellas The Times, habían venido solicitando desde 1935 la creación de una fuerza aérea capaz de oponerse a la
Luftwaffe y dos o tres divisiones acorazadas que pudieran rechazar un eventual ataque alemán sobre Francia. La nueva doctrina apostaba por innovaciones técnicas y estratégicas -
aviación y
blindados- en detrimento del excesivo peso específico que la tradición militar asignaba a la
infantería y la acumulación de efectivos humanos. Sin embargo, el plan oficial previsto desde el Gobierno británico era la creación y el envío a Francia de una Fuerza Expedicionaria (BEF), recurso ineficaz por cuanto los franceses ya contaban con un número suficiente de tropas de infantería.
A finales de 1937 pareció que las nuevas doctrinas de guerra fueron aceptadas por el Gabinete británico, pero fue sólo un espejismo y, cuando llegó la hora de la verdad con el
ataque alemán sobre el Oeste europeo, se creó una fuerza expedicionaria bajo los cánones tradicionales.
La primera intervención del BEF se llevó a cabo en el invierno de 1939-40, cuando desembarcaron en Francia un contingente inicial de cuatro Divisiones, distribuidas en dos Cuerpos de Ejército, bajo el mando de lord
Gort. Estas fuerzas se concentraron en la región de Lille (Priego López).
Así, en mayo de 1940 partieron a Francia trece divisiones de infantería, entre las que había tres de ingenieros. En la Fuerza no se incluía ninguna unidad acorazada, lo que se reveló como un error estratégico de fatales consecuencias.
La presión alemana sobre
Bélgica y el
norte de Francia empujó a las Fuerzas Expedicionarias Británicas a forzar la evacuación marítima desde el puerto y las playas de
Dunkerque, operación a la que ayudó
Hitler -
¿involuntariamente?- cuando ordenó a los tanques de
Kleist detener el ataque durante tres días (Liddell Hart).
El reembarque en Dunkerque, hecho a la desesperada, fue calificado por los aliados como una
victoria milagrosa, por cuanto permitió superar las iniciales estimaciones de evacuación de 45.000 soldados británicos a 224.000, además de otros 95.000 aliados, principalmente franceses. La cifra total, sumando los últimos contingentes evacuados en la mañana del día 4 de junio, cuando la Operación Dinamo se dio por concluida, fue de 338.000 soldados ingleses y aliados, un resultado excelente logrado en gran parte gracias al papel de la
Marina.