Descendiente de una familia noble, recibe una esmerada educación. Tras cursar sus estudios, es ordenado sacerdote en el monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla. Debido a los enfrentamientos que mantuvo con el rey navarro García de Nájera se trasladó a Burgos. Allí, bajo la protección de
Fernando I el Magno, se hizo cargo del monasterio de San Sebastián de Silos. Mientras estuvo en la dirección se encargó de realizar algunas reformas. Con todo ello logró que el cenobio recuperase su esplendor. Para recordar el paso del santo por este centro religioso cambió su nombre por el de
Santo Domingo de Silos. Entre los milagros que se le atribuyen, se cuenta que liberó a numerosos cristianos que eran presos de los musulmanes.