Su formación discurre en París. Al concluir sus estudios fue aceptado en al corte de
Alfonso VIII. Aunque, fue seleccionado para el obispado de Osma, no llegó a desempeñar esta función, al ser nombrado arzobispo de Toledo. Tras la batalla de las Navas de Tolosa se hizo cargo de diversas labores como la organización del Adelantamiento de Cazorla, además de impulsar la construcción de la
catedral de Toledo. Para esta iniciativa contó con la ayuda de
Fernando III el Santo. En el año 1215 intervino en el concilio de Letrán. Fue uno de los principales mediadores entre la iglesia y los reinos españoles para buscar una solución a los enfrentamientos con los musulmanes. De este modo, mantuvo conversaciones
Alfonso IX,
Enrique I y Fernando III, y con los papas
Inocencio III,
Honorio III, Gregorio IX e
Inocencio IV.
De su legado como historiador cabe recordar: "De Rebus Hispaniae", "Hunnorum, Vandalorum, Suevorum, Alanorum et Silingorum Historia" e "Historia Gótica", entre otras obras. Todos estos escritos han servido como fuente para muchos historiadores posteriores. Aunque falleció en Francia, sus restos descansan en el monasterio de Huerta.