Su padre,
Pedro Berruguete, le inicia en el arte de la pintura, aunque luego se decantara por
la escultura. Apenas existen datos de su niñez. La primera vez que se tienen noticias suyas es en 1504, fecha del fallecimiento de su padre. Fue uno de los miembros más importantes del círculo castellano y representante del
Renacimiento español. Con
sus creaciones facilitó la introducción de las formas renacentistas en la pintura en España. Tres años después emprende un viaje a Italia para estudiar las tendencias artísticas. Es entonces cuando conoce la obra de
Miguel Angel y realiza una copia del Laocoonte. Durante su estancia en Roma y Florencia tuvo la oportunidad de conocer las creaciones de otros artistas de la talla de
Donatello,
Leonardo da Vinci,
Sansovino y Fillippino Lippi. Algunos expertos afirman que disfrutó de la protección de
Bramante, ya que su padre era recordado como un hombre de gran prestigio. El dramatismo de las imágenes que reproduce muestra su fuerte carácter. Su producción, dominada por la espiritualidad, esta cargada de efectismo y realismo. Aunque aprende de los grandes maestros italianos, no abandona la tradición castellana. Hacia 1518 regresa a Castilla y se establece en Valladolid, donde entra a trabajar en la corte de
Carlos V. El monarca le encarga la decoración de la
Capilla Real de Granada con quince escenas pictóricas y la ejecución del Sepulcro del cardenal Sevagio en Zaragoza. En este último encargo contó con la colaboración de
Felipe Bigarny. En 1523 es nombrado escribano de la Audiencia de Valladolid. Unos años después se casaría con Juana de Pereda con la que tuvo cuatro hijos. A este periodo pertenece el Retablo de la Mejorada de Olmedo y el
Retablo de San Benito de Valladolid, una de sus obras maestras que le sitúan como el mejor escultor de la escuela castellana. Otra de sus manifestaciones más significativas es el Retablo mayor del Colegio de los Irlandeses de Salamanca. En 1535 fue llamado por el arzobispo de Toledo para realizar la sillería del lado de la Epístola de la catedral. De la sillería del lado del Evangelio se encargó Felipe Bigarny. En este trabajo contó con la ayuda de algunos discípulos. A la muerte del cardenal dejó la ciudad. Al final de sus días se retiró a un señoría que adquirió en Ventosa de la Cuesta (Valladolid).