En la realización de las pinturas de este gran techo de
la Cueva de Altamira se aprovecharon las protuberancias de la roca para la representación de
los grandes bisontes.
La sala, ahora aislada por un muro moderno, era una continuación del vestíbulo que constituía la zona del hábitat. El suelo primitivo fue rebajado hacia 1925 para facilitar la circulación de los visitantes.